domingo, 24 de agosto de 2014

La orden del día


Una pizarra negra expone los platos del día. Mis opciones son limitadas, pero mi presupuesto lo es más. No logró elegir. La indecisión me carcome, ¡Ah no!, es mi estómago.

Cuando me decido una larga fila se extiende en medio de la cafetería. Mientras espero mi turno observo los cuadros y figuras que adornan las verdes paredes del comedor iluminadas por la luz que ingresa por las ventanas. Ya estoy cerca y por desgracia la comida no se ve tan apetitosa como lo que sugiere la brillante tiza de colores con la que escriben el menú.

Sosteniendo la bandeja de comida camino entre las largas mezas hasta el único espacio vacío en las abarrotadas bancas de madera. El almuerzo transcurre con el murmullo de las conversaciones de los alumnos y el sonido de los cubiertos contra los platos. El último bocado marca el momento para regresar a las clases.


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