El monstruo de blanco aliento
Iris despertó con la tos de su esposo. Una nube de
humo blanco le impedía abrir los ojos, incapaces de ver a su compañero de vida
a pesar de los pocos centímetros que los separaban en la cama. Emiliano yacía a
su lado, tratando de buscar una bocanada de oxígeno en ese nubarrón que
inundaba su cuarto de 6 metros por 5. Seguía tosiendo en metralla. Casi sin
parar. Buscando a tientas el brazo de Iris en medio del espesor de aquella
cortina que, por más que trataba, no podía apartar de sus grandes ojos de miel.
—¿Viejito? ¿Qué te pasa, viejito? –preguntó Iris
sobresaltada.
La respuesta de Emiliano fue la misma: una
retahíla de toses e inhalaciones intercaladas con el mismo ahínco de los
segundos anteriores.
Iris calzó sus sandalias plásticas para encender
la luz en plena madrugada, bordear la cama matrimonial y llegar hasta la mesa
de noche del lado de Emiliano, donde guardaba el nebulizador que le había
comprado su hija para casos como estos. Preparó el equipo y lo dispensó ahí,
sobre la cama, semi sentado y en medio de la nebulosa. Sacarlo de la habitación
era inútil: el humo blanquecino estaba en todos los cuartos, en toda la casa,
en toda la comunidad.
Ramsés Ulises Siverio
El país que mata a sus presos
Todo el mundo sabe lo que pasó en la cárcel de El
Porvenir y todo el mundo, especialmente Honduras, parece haberlo olvidado:
cuando a las 9:10 de la mañana del 5 de abril de 2003, 10 minutos después de
que estallara el motín, la Policía y el Ejército entraron a los patios con sus
armas largas y sus pistolas, en teoría para poner orden, solo habían muerto
cinco personas. Dos horas después, en aquel penal de una veintena de celdas se
amontonaban 68 cadáveres.
José Luis Sanz
Lemebel y la
vida después del cáncer
—Fue
culpa del cigarro. Bueno, del cigarro y los excesos.
Pedro
Lemebel lo reconoce como lo que es: una profunda herida a la altura de la
garganta, que él cuenta a punta de sarcasmos. Su entrecortada voz, que a ratos
es un áspero susurro, es el más fiel registro de esta zancadilla en su vida. Es
finales de 2011, en una sala repleta de sus fanáticos en la Estación Mapocho.
Él les anuncia que padece cáncer de laringe. Y luego agrega:
—Cómo
es la vida… Yo arrancando del sida y me agarra el cáncer.
Quienes
lo conocen no se espantan. Si hay algo que Lemebel nunca perderá es su sentido
del humor.
Pedro Bahamondes
Comentario: Este artículo muestra la actitud relajada de Pedro Lemebel respecto a su grave enfermedad y a los lectores les parecerá interesante esta diferente forma de ver esta situación.
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