lunes, 6 de octubre de 2014

El Mundo de Sofía

No soy la más sabia, pero tampoco sabionda.

Desde el momento en que se escuchaba el estridente sonido del timbre que anunciaba el recreo y los pasos apresurados de los niños que corrían hacia los juegos y los grupos de ruidosas pequeñas que jugaban alrededor de las Barbies, de cabello desgreñado y de brillantes trajes. Una niña muy delgada se sentaba quieta y silenciosa en un rincón del patio. Ella prácticamente no pestañeaba y sus ojos se movían rápidamente de un lado al otro siguiendo las letras de las páginas de algún libro. Este ritual se repetía casi todos los días. Hasta el momento en que las risas se cortaban con otro fuerte chillido de la campana del colegio y los alumnos regresaban a sus aulas arrastrando los pasos.

Esa niña que muchos podrían juzgar de solitaria soy yo, o al menos lo era hace unos cientos de libros atrás. A través de las lecturas, en las que invertí tanto tiempo y horas de juegos, viví mas aventuras que los chiquillos que se perseguían en el patio de recreo y recorrí mas países que un trotamundos.

Cada una de esas historias y personajes a los que acompañe en sus aventuras conforman la argamasa que me conforma. Mi Doctor Jekyll aparecía cuando obedecía a mis profesores y realizaba las tareas. Y mi Señor Hide afloraba en el momento que le daba un susto a mi hermana que desprevenida caminaba cerca de mi guarida de turno.

Con Platero y Yo aprendí a no solo querer a los animales sino a amarlos y la experiencia me enseño que hay humanos que son más salvajes que las propias fieras. El Principito me mostró la importancia de los amigos y a conservar a los verdaderos porque se vuelven únicos e irremplazables.

Aprecie el cariño de mi familia y mucho más a mi padre con el dolor de Zezé y la pérdida de Portuga en Mi Planta de Naranja Lima. Y comprendí mi riqueza, no solo material, comparada con la carencia de Los Gallinazos Sin Plumas.

Con los cuentos de hadas comprendí que yo prefería luchar con dragones o brujas a esperar que me rescataran. Los mitos serranos de terror que relataba mi abuelo como cuentos para dormir y todas las palabras sobre las que pasaron mis ojos desde 100 años de Soledad a las historietas de los periódicos me acompañan desde mi niñez.


Así aprendí que es preferible el talento que la belleza, como Frida Kahlo. O que se debe levantar la voz y protestar si está mal el mundo, como Mafalda. Y también espero ser tan fuerte como Úrsula Iguarán a los 100 años. 

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